En el tiempo que he estado trabajando en medios locales me he topado con algunas situaciones derivadas de difusos límites entre la publicidad y la información, entre la redacción y la habitualmente indispensable sección comercial del medio que me han hecho
sentir incómoda o que directamente me parecen de reprobables a patéticas. (Recalcó el algunas, no son norma, espero, sino excepción).
Mi opinión es quizás un poco extremista. Sé que todos vivimos de la publicidad que consiga el medio, y de los anuncios por palabras, en más de un caso. Pero creo que comerciales y periodistas han de trabajar de modo completamente independiente.
Hay un calendario de informaciones: Reyes, Carnaval, San Valentín, Época de bodas, verano, comienza el cole... y muy especialmente las ferias grandes de los municipios y las elecciones municipales, que atañe a ambas secciones. Pero creo que la única relación debería ser que el director tenga el calendario, para
programar especiales o monográficos, pidiendo a cada cual lo que corresponda. A los redactores, tenemos especial fiestas ¿ qué contenidos llevamos?. A los comerciales, tendremos especial fiestas en tales fechas, buscar interesados en anunciarse, en felicitárselas a los vecinos o en ir en el programa. Pero sin
que quién se anuncie condicione nunca qué se cubre informativamente.
Para situarnos, algunos ejemplos, casos reales con los que me he topado o a los que he asistido como espectador no invitado. Algunas circunstancias han sido maquilladas, manteniendo la esencia, pero cambiando el entorno, por no contar secretos de empresa ;) :
- El alcalde de un municipio o un concejal o el preboste sin cargo de un partido, por sí mismo o por medio de terceros, es el principal accionista de un periódico y se reúne periódicamente con sus dirigentes para preparar la agenda de contenidos.
- El redactor que cubre la información municipal es, al mismo tiempo, el encargado de contratar la publicidad, supongo que con su tradicional porcentaje sobre anuncio. Al final de la conferencia de prensa, se pasa por el gabinete de comunicación a pasar las facturas.
- El equipo de gobierno de un ayuntamiento no pone publicidad en un medio porque éste contrasta las informaciones que emanan del mismo con la oposición o, simplemente, saca a la oposición o algún artículo de opinión de sus concejales. En ocasiones el repudio se lleva al extremo de no facilitarle información. Hubo ríos de tinta cuando el PP en el ámbito nacional amago con cerrar el grifo informativo a los medios de Prisa. Pues bien, en el ámbito municipal, es pan de cada día.
- El ayuntamiento, el equipo de gobierno, que es quien maneja el dinero, es el que mantiene el medio local con su publicidad. Prácticamente en exclusiva. Y, ya sea a menudo, ya sea en ocasiones especiales, lo recuerda a quien corresponda.
- Un superior te pide que cubras o una información o hagas un reportaje. La cosa pinta interesante, llamas al contacto que te han dado y tu contacto te pregunta: “¿ pero esto cuánto nos va a costar?”. Le explicas que les llamas para hacer un reportaje, que eres periodista, que no es un anuncio. “No es que otras veces..”, contesta.
- Misma situación o es la propia fuente la que te llama: “periquito p ( el comercial) nos comentó que nos haríais un reportaje, ¿ dos páginas,no? ,que va incluido en el precio de la contraportada que hemos contratado”.
- Misma situación de partida. En esta ocasión la fuente es un anunciante fuerte, que lleva tiempo como cliente y gasta mucho en publicidad. Cada año celebra una fiesta privada en un yate de su flota de cruceros, de la que sale cumplida y amplía información en todos los medios de la ciudad. Te encuentras con la fuente diciéndote qué tienes que escribir, cuándo tiene que ser publicado, cómo y con qué extensión. Y puede darse por ofendida si, por ejemplo, le indicas que no será posible porque cierras antes de que sea su fiesta y la revista sale tres días después. “Y que más da, si es una fiesta privada y nadie va a saber qué es lo que ha ocurrido aquí, si hubo tormenta y olas de tres metros, o plácida puesta de Sol visible desde cubierta”, te espeta, comportándose no ya como tu jefe, directamente como tu dueño.
- El redactor jefe, o, mi preferido, directamente el comercial,te llaman o te envían un correo electrónico para comentarte lo interesante que sería entrevistar a periquito, que colecciona botones o tiene una rondalla con sus amigos de infancia o posee cualquier otra epatante habilidad, pero cuyo principal mérito es ¡que anuncia su colchonería en tu radio!
- O - ¡ lo juro me ha pasado! - el comercial pide que se cubra una información, por motivos tan periodísticos como que su hijo trabaja allí o tiene un amigo de la infancia o...
- El jefe de un gabinete de comunicación te comenta algo, no sé, un conciertito que tienen preparado, y ya de paso te pregunta por las tarifas de publicidad: “pues queríamos anunciarnos...”. Cuando le dices:“llama a centralita y pide que te pongan con un comercial, es una sección independiente de la redacción, yo no sé nada de eso”, percibes su extrañeza sin límites.
- Mismo punto de partida, te cuenta lo que sea y añade: “y vamos a contratar una página de publicidad”.
- Elecciones municipales, ¡ qué proceloso océano!. Te piden que entrevistes a periquito p. Ya, ayer, el primero, extensamente. Pero si es de un grupúsculo surgido dos meses antes de los comicios, ¿es la primera de una serie?, ¿ y los demás? . Cáspitas, es que periquito p, el líder inédito,ha contratado una página, y la entrevista, irá ¡ en la de al lado!
- Más elecciones municipales.Haremos un especial, con entrevistas a todos los candidatos y una página dando sus programas. ¡ Qué estupendo servicio a los lectores-votantes! Preparemos las citas. Pero no, no hace falta, son páginas de publicidad, enviamos las preguntas a los candidatos y ellos nos mandan el cuestionario contestado, con la foto y el resumen del programa que quieren que salga. Y pagan por esa superficie que ocupa la entrevista y el resumen del programa.
Si esto pasara en otro sector,ocuparía grandes titulares supongo.
Lo siento. Me encanta leer poéticas loas a la profesión más hermosa del mundo, épicas epopeyas de aguerridos corresponsales, diatribas sobre la pureza de los periodistas ángeles, crónicas de reputados profesionales que han cambiado el curso de la historia, o de la intrahistoria al menos, y , por supuesto, las de entusiastas compañeros dispuestos a renunciar a su vida personal ( una conocida reportera de la BBC lo comentaba en una entrevista on line: “No, no tengo hijos, decidí renunciar a ellos porque eran incompatibles con mi carrera”, o algo similar) y a dejarse la piel, con teléfonos permanente encendidos, por el medio en el que trabajan. ¡Qué genial es ser periodista! Y lo es, esto ocurre.
Pero, lo siento, lo otro también. Sí, también forma parte de nuestro maravilloso mundo, de nuestro día a día.
Y va a más.
O, quizás me estoy haciendo viejo/a.
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