De ronda por dependencias municipales a la búsqueda de datos, ese bien tan escaso, un/a técnico municipal*me pasó hace unos días un folio que tenía fotocopiado encima de su mesa, y que define, según me explicó,off the record, la política informativa de su ayuntamiento.
Lo transcribo,literalmente, porque, aunque no es algo nuevo y es un texto conocido, creo que tiene miga .
¿ Por qué creo que tiene miga algo tan viejo?
Para empezar, me parece que el que un un/a técnico municipal vaya repartiendo esto a los periodistas, indica su grado de desesperación.
En segundo lugar, bueno, creo que, lamentablemente, no ha perdido actualidad.
Personalmente, llevo años fascinada por un fenómeno: la manufactura de verdades inquebrantables en cocinas periodísticas . Retrospectivas ( aquello de Aznar nunca tuvo bigote) o de la más rabiosa actualidad, intencionadamente o no.
En información local, donde las condiciones de trabajo de los periodistas no dan muchas veces para hacer las más simples comprobaciones, es el pan nuestro de cada día.
Por otra parte, en los últimos años,he visto a jefes de comunicación de ayuntamientos y comunidades autónomas y a varios alcaldes, concejales y concejalas, de todos los partidos, aplicar todos o algunos de estos puntos con fervor e insistencia. Quizás intuitivamente, quizás bebidos de otras fuentes.
El técnico encabeza su listado con una breve biografía de Goebbels, ya saben, el ministro de propaganda del Tercer Reich, de quien asegura eran los principios básicos.
Ahí va:
Principio de simplificación y del enemigo único. Individualizar al adversario en un único enemigo.
Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo al ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.
Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su compresión escasa. Además, tienen gran facilidad para olvidar.
Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras, ni dudas. Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad.
Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal, que cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
Principio de verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas, o de informaciones fragmentarias.
Principio de silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
Principio de la transfusión. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales, se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que lo que decimos es lo que piensa todo el mundo, creando una falsa impresión de unanimidad.

¿ Algo os suena, como periodistas o como lectores de medios de comunicación?
¿ Habéis vivido alguna situación que os recuerde uno de estos principios?
Habrá ejemplos, en las próximas semanas.

* Técnicos municipales : Personas a las que debo casi todas las noticias bien hechas sobre administraciones locales. Saben muy bien de lo que hablan, te dan los datos, no opiniones, y te explican el tema y su entorno. Su aportación es difícil de conseguir ( suelen tener instrucciones claras de permanecer en la sombra), pero también suelen merecer la pena. Casi siempre hay que garantizarles el anonimato. Y ayuda para acceder a ellos, si se hace por esta vía, asegurar al de comunicación que el concejal y sólo el concejal saldrá, guapísimo y en letras grandes

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